La Que Sigue


 

No era la más fuerte.

No era la más valiente.

Tampoco era la más fría, ni la más sabia.

Era, simplemente, la que seguía.


La que lloraba con los ojos abiertos.

La que se caía con estilo y se arrastraba un rato antes de levantarse.

La que hablaba sola, se abrigaba el alma con una taza de té y le contaba sus derrotas a una gatita negra que siempre sabía cuándo maullar y cuándo quedarse en silencio.


Había días en que el mundo pesaba como cien cuerpos sobre el pecho.

Y aún así...

ella iba despacio., pero iba.


Nunca dijo "ya no puedo".

Decía "ya vuelvo".

Y volvía.


Volvía con las mejillas saladas, las manos temblando, y una sonrisa chueca que decía:

"Sobreviví otra vez".


Tenía una lista de personas que la rompieron.

Y una lista más larga de veces en que se reconstruyó sola.

Sin aplausos.

Sin testigos.

Pero con la cabeza en alto.


Era de las que aman sin medida y se quiebran en silencio.

De las que escriben para no explotar, y se ríen cuando el llanto ya no duele tanto.


No buscaba ser ejemplo.

Solo quería existir con dignidad.

Y si era posible....

amar, aún rota.

Creer, aún cansada.

Volver a empezar, aún con miedo

No era perfecta.

Ni siquiera cercana a eso.


Pero era, sin duda, la que seguía.


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